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Día del Niño: la maravillosa aventura de verlos crecer

  • Foto del escritor: silkehorn
    silkehorn
  • 20 ago 2025
  • 2 Min. de lectura

Hace unos días celebramos el Día del Niño, y en mi hogar habitan tres seres de luz que llenan de sentido cada rincón de mi vida. Cada uno transita una etapa diferente, única y especial.


Un hijo mayor que poco a poco va dejando atrás la primera infancia, esa etapa maravillosa de descubrimientos constantes, para dar paso a nuevos retos y responsabilidades. Su cuerpo y su mente cambian a pasos agigantados, y con ellos también crece la manera en que ve el mundo.


Un pequeño que hasta hace poco era “el bebé de la casa”. Auténtico, espontáneo y profundamente unido a lo que hace su hermano mayor, a quien ve como su guía más cercana en este viaje.


Y una niña que llegó para completar nuestra familia, pero que pareciera haber estado con nosotros desde siempre. Su presencia, tan natural y luminosa, nos recuerda que el amor no entiende de tiempos.


Los tres son únicos, auténticos en su esencia, con sus fortalezas y debilidades, pero con un corazón tan grande que basta una mirada para recordarme que el mundo sí puede ser un lugar mejor.


Desde que llegaron, transformaron mi vida. Me enseñaron a mirar de otra manera, a enfocarme en lo verdaderamente importante y a soltar aquello que el universo sabrá resolver. Me consumen tiempo, sí, pero a cambio me regalan sonrisas que son la mayor satisfacción de mi existencia.


Convertirme en madre fue, sin dudas, la mejor decisión de mi vida, esa que la vida misma ya tenía escrita para mí. Muchas veces quisiera protegerlos siempre, colocarlos en una burbuja donde el dolor no pueda alcanzarlos. Sé que no es posible, pero cada día trabajo en sembrar en ellos raíces firmes y alas fuertes, para que el día que les toque caminar solos florezcan con todo su esplendor.


Porque mientras los guío, yo también me sano. Mientras los acompaño, aprendo a vivir. Y mientras los veo crecer, encuentro la verdadera felicidad.

Con mis errores y aciertos, elijo que cada día junto a ellos sea una maravillosa aventura. Porque en medio de lo cotidiano, habita lo realmente extraordinario.


Feliz Día del Niño a los grandes motores de mi vida.

 
 
 

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