La importancia de un simple “hola”
- silkehorn

- 13 ago 2025
- 2 Min. de lectura

En casa siempre recordamos a nuestros hijos la importancia de saludar. Y no hablo solo de decir “hola o bueno días” a los amigos o a la gente que nos cae bien, sino a cualquier persona, en cualquier lugar: al llegar al colegio, al supermercado, al portero que abre la puerta, a los maestros, a los compañeros, a todos.
Antes de llegar a un lugar, siempre les recordamos: “¡No olviden saludar!”. Porque con los niños es así: hay que repetirles las cosas todos los días, hasta que se convierta en un hábito. Queremos que aprendan que cada persona merece respeto y un trato amable, sin importar el cargo o el rango que tenga.
Saludar no cuesta nada, pero puede significar mucho. A veces pasa inadvertido para quien lo recibe, pero otras veces puede cambiarle el día a alguien. Hace poco, por ejemplo, vivimos una situación que nos lo recordó.
Con el nacimiento de nuestra última bebé, ya no puedo ir todos los días a buscar a mi hijo mayor al colegio, así que ahora lo hace mi esposo. Como vivimos cerca, regresan en autobús, y él está feliz con esa pequeña aventura. Ya no es “bajar en la puerta” como antes, sino viajar un poquito como tantas personas lo hacen a diario.
Mi esposo, que insiste siempre con el saludo, le recuerda cada vez que suben al colectivo: “Saludá al chofer”. Y en una de esas tantas veces, ocurrió algo especial. Un simple “buen día” de mi hijo hizo sonreír al chofer. Fue un momento breve, pero tan genuino, que dejó en nosotros una sensación muy linda.
Tal vez para esa persona no significó nada, o tal vez sí. Nunca lo sabremos. Pero lo cierto es que, para nosotros, reafirmó algo que creemos: esos pequeños gestos, aunque parezcan mínimos, pueden hacer un gran bien.



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